Una simple pregunta
Como decía la mayor de las Chicas de Oro, corría el año 2000. Yo estaba en Los Ángeles en un viaje a de trabajo. Organizábamos la participación de bodegas valencianas en un Wine Tasting en el hotel Casa del Mar en Santa Mónica. Al llegar al hotel, nos encontramos con Penélope Cruz en uno de los salones, entrevistada por un medio estadounidense.
Recuerdo el mayor jet lag que he sentido nunca y mi sensación de andar un poco perdida sin saber muy bien cómo comportarme o qué se esperaba de mí en una situación que no había vivido nunca. Es curioso cómo las habitaciones de hotel son tu refugio, tu hogar, en ese tipo de viajes. Un lugar en el que no tienes que fingir porque nadie te observa. Aunque quizás no hagas nada distinto a lo que haces fuera.
El día en que comenzaba el evento, andaba yo con mi cámara y mi libreta entre las mesas de la cata cuando uno de los bodegueros me preguntó:
—Y tú, ¿qué tal estás?
Una pregunta fácil, simple y directa.
Una pregunta que me dejó sin palabras.
Porque solo con su mirada supe que no cabía una respuesta vacía. Después del tradicional bien, bien, entablamos una conversación que supuso el inicio de una amistad y de un apoyo importante en aquel viaje.
Esa amistad se diluyó con el paso del tiempo y la distancia pero guardo muy fresco el recuerdo de aquel momento y la sensación que experimenté. Entre toda aquella gente había una persona para la que yo no era invisible.
En ocasiones he fantaseado con la idea de que alguien desconocido me para por la calle y me hace esa pregunta. Que alguien se interesa de pronto por lo que tengo que contar, por lo que hago, por lo que siento. Supongo que cuando tengo esa fantasía estoy reclamando mentalmente más atención. Ser visible en lugar de invisible, despertar el interés real de una persona. Porque aunque no hagas nada diferente, aunque todo parezca rutinario, tu cerebro sigue pensando y tu cuerpo sintiendo. Siempre hay algo nuevo o distinto.
Quizás sería más fácil pedir y reclamar esa atención con simples palabras, expresando lo que siento, lo que bulle en mi cerebro a las personas que tengo cerca en lugar de esperar que alguien aparezca de la nada. Lo tendré en cuenta cuando la fantasía aparezca.
En otras ocasiones, ese ¿y tú qué tal? encierra una propuesta. De trabajo tal vez, de cambio de perspectiva, de algo nuevo y diferente.
En todo caso, esta simple pregunta acompañada de intención significa parada y fonda, interés verdadero. Y nos obliga a pararnos y a pensar.



Que bonita la sensación de sentirte intruso y de repente ser visto y tomado en cuenta, me identifico mucho!