Espejo social
Hace unos días convocamos una quedada de urgencia entre amigas por un tema laboral. Un ascenso no logrado, un agravio comparativo con el resto de sus compañeros de trabajo había hecho tambalearse a una de nosotras. En un momento de la conversación escuché «Pensé que yo era importante en mi trabajo. Qué tonta. Ya veo que no lo soy». «No dejes que te quiten eso. Tu trabajo es importante y tú también. No dejes que esto te influya».
Hablamos entonces de qué es lo que da valor a una persona y comentamos dos casos recientes. El caso de una mujer con un puesto de responsabilidad y un gran equipo de personas a su cargo que se veía, se creía, se sabía importante. Ahora afrontaba su jubilación y al poco nos había dicho «Ahora no soy nadie. Soy una mierda».
También el caso de un camionero al que le habían diagnosticado epilepsia y le habían retirado el carnet de conducir como primera consecuencia. El hombre lloraba desconsolado porque ya no podía ser lo que había sido hasta el momento. Evidentemente son casos totalmente distintos pero compartían algo llamativo: el sufrimiento no procedía solo de una pérdida material, sino de la sensación de haber dejado de ser alguien.
Empecé a preguntarme qué es lo que nos da valor. ¿Lo que aportamos a los demás?; ¿Lo que dejamos cuando nos vamos? ¿Nuestro legado? ¿Lo que recuerdan de nosotros? ¿Lo que sienten los que nos aprecian?
Tendemos a medir lo que somos por lo que hacemos. Al menos es así en una etapa de nuestra vida. El trabajo que realizamos, lo que hemos estudiado, lo que hemos conseguido en el plano profesional, dejando que estos calificativos definan lo que somos.
Es fácil dejarse llevar por esas etiquetas, sobre todo en ambientes en los que hay personas que te saludan con más o menos efusión dependiendo del cargo que ostentes. Aprendes a medirte en esa escala, a valorarte según la respuesta de los que están a tu alrededor. Somos seres sociales y es inevitable que el grupo funcione como un espejo en el que mirarnos y medirnos.
A esta etapa profesional se suma la familiar. Hija de, hermana de, madre o padre de; y todas esas caras de una vida se van alineando, conformando un yo.
El problema, o la situación incómoda, aparece cuando las etiquetas se van perdiendo por el camino. Sigues siendo padre o madre de, pero la crianza más intensa quedó atrás; la jubilación se acerca, quizás tus compañeros de trabajo ya no están; o nuevas incorporaciones ya no te miran de la misma manera. Y luego, eres tú el que te vas y todo toma una nueva perspectiva.
Tu espejo social cambia y con él se va una parte de ti.
Quizás esa parte que te daba seguridad y te anclaba al suelo. Tal vez, justamente, la que te daba más valor para la sociedad. Reconozco que confundo importante con valioso; reconozco que no sé muy bien la respuesta. No creo que sea fácil separar la visión que tenemos de nosotros mismos de la que nos da el grupo.
Quizás el reto consiste en seguir reconociéndonos cuando el espejo social cambia de forma o deja de reflejarnos como antes.
Tal vez la solución sea no olvidarnos de mirar hacia dentro, redescubrir detalles y valores en nosotros mismos. Ser conscientes del valor que tenemos sin más etiquetas. Ir construyendo una pequeña fortaleza interior que no se tambalee cuando el espejo social deje de ofrecernos nuestro reflejo.



🤦🏼♀️ Me da mucha tristeza que una de tus amigas se sienta así. Pero de alguna manera la comprendo. Si no eres importante profesionalmente parece que no sirves para nada. Que no cuentas. Y más hoy en día que se nos pide según produzcamos. Pues dile a tu amiga que ánimo, que la vida va de otra cosa y que lo importante es ser fiel a uno mismo. (Bueno seguro que todo esto también se lo has dicho tú ☺️, pero yo también se lo digo aunque no la conozca 🤣) Gracias Isabel por compartir esta reflexión. Un abrazo
Efectivamente, todo un reto, que no todo el mundo es capaz de superar, pero necesario si pretendemos seguir viviendo en el mundo y si queremos ser realmente felices.
Gracias por compartir la reflexión. Un saludo