Calienta, que sales
Mi madre cumplió años hace poco: 86. ¿Quién le habría dicho que iba a superar esa edad? ¿Quién nos dice que no vivirá cinco años más? ¿O que uno de nosotros no se marchará antes que ella?
Hace un par de semanas nos organizamos para dar una sorpresa a una amiga por su cumpleaños. Parecía que no encontraba la fecha para celebrarlo e iban pasando los días. Una semana antes nos pusimos manos a la obra para darle una sorpresa; compramos regalos tontos, pensamos bromas y nos organizamos para celebrar un picnic a la orilla del mar.
Nos plantamos debajo de su apartamento, justo bajo su ventana, para que nos viera ataviadas con globos, comida para picnic y un buen puñado de carcajadas cuando se asomara para ver el mar.
Compartimos uno de esos ratos memorables, de los que construyen una vida, como uno de esos ladrillos que forman parte de un muro alto y fuerte. Qué maravilla celebrar así los cumpleaños.
Al día siguiente, cuando compartimos de nuevo las risas y las fotos a través del grupo de WhatsApp, una de ellas subrayó la necesidad de crear recuerdos bonitos.
Mi reacción inicial fue pensar que había que VIVIR momentos bonitos más que CREAR recuerdos, pero entendí a qué se refería. Mi segunda reacción fue asociar ese comentario a las circunstancias personales de la persona que escribió esas palabras, que sigue un tratamiento de quimioterapia desde hace un tiempo.
Supongo que nuestro cerebro nos hace mirar hacia el futuro como algo garantizado, casi eterno, como un camino largo, muy muy largo. Pero la realidad es que todos nos estamos muriendo. No de forma inminente, pero sí vamos caminando hacia un mismo final. Más tarde o más temprano, por unas razones o por otras.
Desde el día en que nacemos, nos situamos en una cinta transportadora que nos lleva a todos al mismo lugar, a lo que la vida, la providencia o el destino tiene preparado para nosotros. Queremos que sea lejano, que antes haya un paréntesis enorme lleno de cosas maravillosas. A veces es así; otras por desgracia, no.
Pensé entonces que todos tendríamos que tener esa sensibilidad que tienen las personas que “han visto más cercana o tienen más presente” esa realidad que nos espera a todos. No me refiero a vivir con miedo o con esa posibilidad como amenaza, sino a la certeza de saber que vivimos un tiempo maravilloso, que estar aquí es un milagro, que el tiempo pasa extraordinariamente rápido.
Ya estamos ahí.
Nos vamos a ir todos.
Llenemos la cinta transportadora de momentos que nos llenen, sean merecedores de una gran película o de la rutina más acogedora. La que tú elijas.
Calienta, que sales.
No tenemos otra vida.
Feliz semana.



Hoy me dejas sin palabras para intentar desgranar lo que siento ante esa realidad, por otro lado, incuestionable. Quizá sea de los que quiere acumular sin pensar que a ese final, mejor tarde que pronto, llegamos todos :(
Qué necesario vivir así, teniendo presente que todo se acaba. Y muchas veces, justo es eso lo que que queremos olvidar.
Gracias por escribir.